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Con aroma especial
Colombia incursiona con éxito en la producción
y exportación de cafés especiales, que se venden con
una prima de precio en el Mercado internacional.
(Tomado de la revista Cambio, de 23-30 de junio de 2003)

Desde hace ya tiempo, los ornitólogos saben que cada año durante el mes de octubre y tras miles de kilómetros de recorrido, bandadas de aves migratorias llegan a la Mesa de los Santos, en Santander, escapando del frío del norte. allí se refugian en los cafetales de la zona, en cercanías del Cañón del Chicamocha, para tomar fuerzas y volver a volar con la llegada de la primavera.
Más allá de la maravilla natural que representan los animales son indiferentes al hecho de haber conquistado aliados entre los campesinos de la zona. De hecho, los caficultores del área recibieron el sello Amigos de las Aves, una calificación que otorga la firma Biolatina, que escoge variedades de café producido en armonía con el medio ambiente. La característica principal del grano cosechado en la Mesa de los Santos es que está permitiendo la conseervación de las aves migratorias, amenazadas por la deforestación del trópico. Pero más allá de un fin altruista los cultivadores son remunerados en los mercados internacionales, pues venden la libra del producto hasta en 1,40 dólares, cuando el precio promedio del café colombiano en la bolsa de Nueva York es 0,60 dólares.

El grano amigable con el medio ambiente es una de las cinco clasificaciones de cafés especiales en las que productores colombianos participan. “En Santander trabajamos en un proyecto que busca exportar 3.000 sacos anuales de este tipo, en donde la ONG Rainforest Alliance servirá de certificadora”, afirma Carlos Alberto González, director de cafés especiales de la Federación de Cafeteros de Colombia. Según la Specialty Coffee Association of America –la más importante agremiación de su género en el mundo- estos se clasifican en: cafés amigables con el medio ambiente, de comercio justo, orgánicos, de origen (país, región o finca) y exóticos.

Tal distinción ha beneficiado también al Café El Cairo, del Valle del Cauca, que se comercializa bajo la categoría de comercio justo por provenir de cooperativas de productores que logran demostrar cómo se invierten los recursos de la venta del grano. Según la Federación, esta variedad ha obtenido precios un 60% por encima de los del mercado, y logró ser comercializada el año pasado en Starbucks, la cadena de tiendas de café más grande del mundo.

Otros ejemplos exitosos de esta modalidad se desarrollan en los municipios de Buga, Caicedonia, Sevilla y La Cumbre, también en el Valle, donde más de 300 jóvenes entre los 22 y los 30 años conservan las tradiciones de sus padres con siembras de este cultivo. Se estima que la producción alcanzará 2.00 sacos de 60 kilos, por año.

La propia Federación ha estimulado la producción de café orgánico, aquel que reemplaza los fungicidas, los insecticidas y los fertilizantes por abono orgánico que se extrae de las pollinazas y del estiércol de ganado o incluso de la misma pulpa de café. Este tipo de grano, que resulta más costoso en su producción por el uso intensivo de mano de obra, tiene una prima en los mercados internacionales, de entre 0,25 dólares y 0,90 dólares por encima del promedio internacional. Según la entidad, durante 2002 los programas de caficultura orgánica lograron colocar en el mercado internacional un total de 2.585 sacos vendidos en los mercados de Japón, Europa y América del Norte. “Los diferenciales obtenidos fueron en promedio de 55.8 centavos de dólar por libra” afirma un documento de la Federación.

“El producto más apetecido en los mercados internacionales hoy día es la combinación de café orgánico con café de mercado justo” afirma Sergio Mantilla, director del Comité Departamental de Cafeteros de Santander.

Santander es un buen ejemplo. En este departamento existen 920 hectáreas de café orgánico con una producción de 8.500 cargas del grano, pero la meta es llegar a 8.000 hectáreas en 2006, que producirían 64.000 cargas. Dentro de las variedades están la de Mesa de los Santos, la Hacienda de las Flores, en Pinchote; el Kachalu, en los municipios de Oiba, Suaita y Guapotá, cuyo destino es Japón; y el Almendra Especial, que se produce en San Gil y en Páramo.

Colombia exporta 700.000 sacos de cafés especiales, pero la meta a 2007 es alcanzar 1.5 millones de sacos.

Pero ahí no termina la oferta. Los grandes tostadores mundiales también están premiando la producción de cafés exóticos. En Starbucks en Estados Unidos o en Thimothy´s en Canadá, se pueden encontrar variedades como Nariño o La Vereda, del departamento de Caldas. En último término, el objetivo es llegarles a paladares relativamente sofisticados. “Por ejemplo, el café amazónico arroja un sabor un poco picante, sin ser muy fuerte. Su ligero aroma herbal agrega una discreta acidez. Mientras que el café Támara, que se produce en Casanare, lleva consigo un ligero olor achocolatado”, agrega González, de la Federación.

Tanto el café amigable con el medio ambiente como el orgánico requieren ser certificados por auditores internacionales como la europea Ecocert o la Corporación Colombia Internacional. Para dar este sello, un grupo de auditores inspeccionan las fincas y determinan si los agricultores están aplicando las prácticas de cultivo orgánicas o amigables con el medio ambiente. También inspeccionan bodegas, trilladoras y en general todas las etapas del proceso de producción y comercialización del grano.

LAS TENDENCIAS
Mientras el consumo de café en el mundo creció algo más de 1% anual en los últimos 12 años, expertos como Daniele Giovannucci consideran que el conswumo de los especiales creció en 8%, mientras que los orgánicos lo hicieron en 20%. Según la Federación, colombia exporta unos 700.000 sacos de cafés especiales al año, pero la meta para 2007 es alcanzar 1.5 millones de sacos, cifra que equivaldría a más del 10% de las exportaciones proyectadas del grano.

No obstante, el desafío no es fácil ni es la solución de los problemas del gremio. “Si bien es cierto que estos segmentos pueden darles más ventajas competitivas a algunos productores, no necesariamente tener acceso a este mercado es sencillo”, afirma Giovannucci. “Estos tipos de café deben ser vistos dentro de una estrategia integral de mercadeo. En ellos no se encontrarán todas las respuestas a la crisis cafetera. Pero creo que Colombia tiene una posición única para ser líder en algunas de estas categorías”, agrega.

Ese, precisamente, es el objetivo de los partidarios del desarrollo de los llamados cafés de nicho. Al fin de cuentas, más allá de los vaivenes del mercado internacional, Colombia cuenta con la variedad de climas y la tradición ideales para pisar con mayor fuerza en el mercado de los cafés especiales. Y aunque esa opción no necesariamente sacaría de la crisis a todos los caficultores, ya existe un buen número de fincas y cooperativas que han visto los beneficios de entrar en una categoría diferente, ya sea con la ayuda del sol y la lluvia, o de los pájaros que todos los años buscan sombra en los cafetales de la Mesa de los Santos,